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viernes, 4 de junio de 2010

La miel, más cerca...


¡Bee Honey sigue avanzando! Esta semana hemos alcanzado un hito muy importante: ¡ya tenemos las primeras muestras de miel! Se trata de 5 tipos de mieles monoflorales y una milflores, producidas en diferentes lugares de México y Guatemala. Ya estamos haciendo catas de las muestras recibidas para estar seguros de que os van a gustar. Muy probablemente las tendréis a vuestra disposición a la vuelta del verano, en el mes de septiembre.

Mientrastanto, si os morís de ganas de probarlas (lo que entiendo perfectamente) podéis enviarnos un email a nuestrosamigos@bee-honey.org y, si vivís cerca de Barcelona, podemos quedar un día para hacer el test de cata en primicia. Podemos quedar en alguna cafetería o en algún lugar que os vaya bien y llevo las muestras para que nos deis vuestra opinión. Nosotros estamos muy contentos de lo buenas que están, pero lo importante es lo que nos digáis vosotros.

Os hemos colgado una foto con las muestras del primer test de cata Bee Honey, todo un acontecimiento, acompañado de un pan fantástico que preparó Mireia con su nueva panificadora. Otro día puede que se anime a explicaros en un post el mundo nuevo que se abre con la compra de una panificadora doméstica.

lunes, 12 de abril de 2010

Una receta exótica con un toque de miel: Tajines de pollo con miel y frutos secos


¿Queréis descubrir un suculento segundo plato elaborado con miel? Os presentamos los tajines de pollo con miel y frutos secos. ¿A que suena exquisito? Esperad a probarlo.

La lista de ingredientes es un poco larga pero la preparación es fácil y tan solo os llevará 20 minutos de preparación y 30 de cocción. ¡Y no os preocupéis porque es una receta económica!


Necesitaréis 1 pollo de granja, 2 cebollas, 3 dientes de ajo, 150 gr de almendras, 250 gr de dátiles, 25 cl de caldo de verdura, 4 CS de aceite, 3 CS de miel, 6 ramitas de cilantro, 1 CC de jenjibre en polvo, 1 CC de canela molida, 1 pizca de azafrán, sal y pimienta.

¡Vamos con la preparación! Haceros con una olla y echar el aceite, luego dorar el pollo cortado en trozos y las cebollas picadas. Seguidamente espolvorear la carne con especias, salpimentar y remover durante 1 minuto. ¿Ya empieza a oler de maravilla, verdad?

Ahora viene el punto de distinción: pintar con un pincel todos los trozos de pollo con la miel. Luego dorar las almendras en una sartén antiadherente y ponerlas en la olla, añadiendo también los dátiles, el cilantro picado, los dientes de ajo pelados y, por último, el caldo de verduras. Cubrir la olla y… a esperar 30 minutos mientras se cuece.

Una vez pasado ese tiempo, sólo falta presentarlo con elegancia en el plato, ¡y a disfrutar de un buen manjar!
Foto: flickr.com


martes, 6 de octubre de 2009

La cata

El pasado viernes, 2 de octubre, acudí a la cata de miel que organizaba Gastronomía Activa, en Barcelona. Tuve la oportunidad de conocer al autor del libro que os comenté en mi primer post, Antonio Gómez Pajuelo, un señor muy agradable, simpático y con mucha capacidad didáctica.

Tras unas interesantes reflexiones previas para tener una idea concreta sobre de dónde procede la miel, cómo se recolecta y qué hace que tenga un color, una textura y un sabor distintos, pasamos a la cata.

Estábamos en una sala amplia, con mucha luz, y nos sentamos alrededor de una mesa gigante. Además de la documentación, disponíamos de una bandeja con cinco cucharillas, un vaso y una botella de agua, papel y lápiz, trozos de pan en una cestita y, claro está, los botes de miel. Eran cinco botes: romero, azahar, tomillo, eucalipto y brezo.

Lo primero que llama la atención es la diferencia de color de las mieles. Los tonos iban desde el amarillo paja, muy claro, hasta un color marrón-rojizo bastante oscuro. Algunas mieles tienen tonos característicos que las identifican (como el color verdoso en la miel de eucaliptus) y otras varían notablemente de color a pesar de tener un mismo origen. Empezamos por la de romero, la más clara de todas.

El segundo paso, es oler la miel. Es importante destapar el bote justo debajo de la nariz y aspirar profundamente. Si vemos que el aroma "se escapa", podemos mezclar un poco la miel con una cucharilla para levantar de nuevo el olor. Aquí también sorprende mucho la diferencia que hay entre las distintas mieles, algunas tienen aromas muy fuertes (sobre todo si contienen sustancias muy volátiles) y otras tienen un olor mucho menos perceptible.

Luego se puede "jugar" con la miel y una cucharilla para verterla y apreciar así la viscosidad. La miel madura tiene una humedad que está alrededor del 17-18% y eso le da una viscosidad característica. Según la estación del año, la miel puede que tenga algo menos de humedad (por ser época muy calurosa) o que tenga más (si se recolecta en época de lluvias). Esa diferencia se aprecia muy bien observando cómo cae la miel.

Entonces pasamos ya a probarla. Cogemos una pequeña cucharada y la dejamos reposar sobre la lengua. Podemos percibir la textura de la miel y empezamos a notar sus sabores. Es importante tener identificadas las cuatro zonas de la lengua por las que "pasearemos" la miel: cada zona tiene unas papilas gustativas distintas que hacen que apreciemos el dulce, el ácido,el salado y el amargo. El dulce lo notamos en la parte anterior de la lengua. El ácido y el salado en las partes medias laterales. El amargo solo lo percibimos cuando tragamos (para nuestra desgracia, muchas veces...). Hay que dejar que la miel se vaya mezclando con la saliva y concentrarse en percibir los distintos gustos.

Cuando tragamos, además del amargo, notaremos los aromas que percibimos por vía retronasal. A veces son mucho más intensos que el olor que hemos percibido al oler inicialmente la miel.

¿Y el agua? ¿Y el pan? Para limpiarnos la boca, bebemos agua. Para limpiar la nariz, olemos el pan. Con estos dos métodos, alejamos las sensaciones de la primera miel y estamos dispuestos a catar una nueva muestra.

Si ya os he convencido para que tengáis dos mieles distintas en casa, podéis entonces tratar de hacer este proceso de cata para cada una de ellas. Yo nunca habia ido a la cata de nada, ni de vino, ni de ningún tipo de comida, y salí convencida de que había aprendido mucho. Os recomiendo esta actividad. Es una experiencia distinta y muy original. ¿O es que conocéis a alguien más que haya ido a una cata de miel?

Este es el enlace del lugar donde fui yo: http://www.gastronomiaactiva.com/

Lo encontré porque uno de vosotros me lo dio. ¡Muchas gracias!

martes, 8 de septiembre de 2009

Milmieles

Cuando era pequeña odiaba la miel. Esa jarra de barro cocido, con su recorte de tela a cuadros para taparla, siempre ahí, en el armario rinconero de la cocina. Tengo el recuerdo de mi padre intentándonos convencer a mis hermanas y a mí para que tomáramos algo de esa cosa viscosa, pegajosa y extremadamente dulce...era difícil contentarle. Yo nunca he tomado quina, pero estoy segura de que lo que sentía con la miel se debe parecer.

No recuerdo el día en que la miel empezó a gustarme. Puede que la tomara en un postre tan tradicional como el "mel i mató" (requesón con miel) o que la esparciese en una tostada de algún desayuno de hotel...algo así debió ser, confieso que aunque me gusta, hasta hace poquísimo no he empezado a descubrir su verdadero atractivo. Y digo empezado porque este va a ser un camino largo: ¡ni siquiera sé cuántos tipos de miel distintos hay!

Siempre he tenido miel en casa ¿será por influjo de esa jarra de barro cocido de mi infancia...? No creo, resulta que comentándolo con los amigos, ¡todo el mundo tiene miel en casa! En una alacena que se precie siempre habrá una lata de conservas, un bote de legumbres, media bolsa de pasta (fideos, probablemente) y ¡un bote de miel! Siempre ahí, como “fondo de armario”. Pero solamente un bote...no dos. Y no será por falta de variedad: en una búsqueda rápida en los estantes de cualquier tienda encontraremos un par de mieles distintas. Si la tienda es más o menos especializada, tendrá cinco o seis tipos para elegir (así de memoria: tomillo, romero, azahar, eucalipto, brezo..castaño...encina...¿alguna más?). Si vamos a una feria artesanal, ahí la cosa empieza a desbordarse y aparecen botes de miel como setas, de todos los tamaños y colores, de todas las plantas de la zona. ¡Y yo con mi bote marca blanca en formato antigoteo!

Antes de empezar con este proyecto nunca había comprado dos botes de miel a la vez. Siempre había comprado solamente uno. Nunca había tenido dos botes de miel distinta abiertos a la vez en casa. Pero entonces Jorge me habló de una “tabla de mieles” como el que habla de una “tabla de ibéricos” y tuve la curiosidad de comparar dos mieles. Comparé el bote marca blanca con una miel de encina que compré para la ocasión y sí, eran distintas. Fue el primer paso de lo que se está convirtiendo en una obsesión.

Si serán distintas las mieles, que he sabido recientemente que se hacen ¡catas de miel! No me lo podía imaginar, es que era algo de lo que no había oído hablar nunca. Se iba a organizar un seminario de cata de miel en Barcelona el mes de julio pasado pero resulta que se canceló y está previsto para el mes de octubre. Me puse en contacto con el "ponente" de esta cata (¡internet es alucinante! ¡le envié un mail y me contestó!) y me contó que tenía publicado un libro "Mieles de España y Portugal, conocimiento y cata". Ahí ya vi que soy una ignorante del tema...lo he comprado y lo estoy leyendo (o estudiando, porque es muy didáctico y tiene una cantidad de información muy interesante). Atención: en el libro vienen descritos 26 tipos de mieles distintas. Yo he nombrado siete. ¿Cuáles más conocéis vosotros?

Id haciendo la lista, porque la cosa no acaba aquí. Resulta que estuve en París y allí fui (no por casualidad, está claro) a "La Maison du Miel". Tienda fundada en 1898. Solamente venden miel y productos relacionados (velas de cera de abeja, pastelitos de miel, cosméticos a base de miel, ¡cerveza con miel!, libros de recetas hechas con miel...). Pues bueno, resulta que tienen cuarenta y dos (42) tipos de miel distintos. Una señora muy agradable (¿quién dijo que los parisinos eran antipáticos?) nos contó que las mieles de su tienda proceden preferentemente de Francia, España e Italia, aunque traen mieles de otros lugares del mundo (nombró Canadá y Argentina). Nos dejó probar cuatro mieles distintas a cada uno. Si alguien acierta qué dos tipos de miel compré allí, está invitado a mi casa a probarlas, cena incluida (espavilad porque solamente tenéis de tiempo hasta el próximo post, en el que os diré de qué son). Solo puedo decir que son buenísimas, sorprendentemente distintas a lo que conocía (que era poco, es verdad) y muy diferentes entre ellas.

A todos os propongo que probéis un par de mieles distintas (si no lo habéis hecho ya) y que os dejéis sorprender por sus diferencias. ¡Ya me contaréis vuestra experiencia!

Nota para todos aquellos que están totalmente convencidos de que no les gusta la miel y que nos habéis dicho “yo no os puedo ayudar porque a mi no me gusta la miel”: me gustaría que nos ayudaseis a hacer un pequeño experimento sociológico, que busquéis en el armario y nos digáis si, a pesar de no gustaros, también tenéis miel en casa. Los más atrevidos, podéis tratar de probarla y contarnos qué es lo que no os gusta: su textura, su olor, su dulzura, que raspa en el paladar...Se admiten cambios de opinión. ;)